Aprovechar el flaring de molares tras una disyunción

Después de una disyunción, el volcamiento de los molares es una consecuencia casi inevitable. Da igual el dispositivo que se haya utilizado: cuando se ganan varios milímetros de expansión transversal apoyándose en los molares, esas piezas acaban con un torque negativo que hay que corregir. La pregunta no es si ocurre, sino qué se hace con ello.

Con ortodoncia fija, corregir ese volcamiento requiere elásticos y una mecánica relativamente compleja. Con alineadores, ese mismo problema puede convertirse en el punto de partida de una mecánica muy favorable, si se sabe cómo aprovecharlo.

El punto de partida: un torque negativo que se puede usar a favor

En un paciente de unos diez años con mordida cruzada bilateral y compresión maxilar, tras una disyunción con una ganancia transversal de alrededor de 10 mm, la situación típica es la siguiente: los molares están volcados hacia vestibular, los incisivos inferiores tienen torque negativo, y el sistema necesita reorganizarse antes de poder avanzar.

La clave está en entender que ese volcamiento de los molares no es solo un problema que corregir. Es también una oportunidad biomecánica.

Comprimir los primeros molares para normalizarlos

El primer movimiento es comprimir los primeros molares y devolverlos a una relación correcta con las bases óseas, manteniendo los segundos molares inamovibles como anclaje.

Esa compresión tiene un efecto secundario muy favorable: al normalizar la posición de los primeros molares, se crea espacio en la zona de caninos y se genera un entorno que facilita la proinclinación de los incisivos. Los movimientos trabajan en sinergia, y esa sinergia es precisamente lo que hace eficiente esta mecánica.

Con ortodoncia fija, conseguir ese efecto requeriría elásticos transversales y un control más laborioso. Con alineadores, la mecánica de fuerzas es más directa y el resultado se consigue en pocos meses.

La proinclinación de los incisivos como consecuencia lógica

Una vez que los molares están normalizándose, la proinclinación de los incisivos inferiores se produce como consecuencia biomecánica del movimiento anterior, no como un movimiento independiente que hay que forzar.

Ese es el principio que hace eficiente este tipo de planificación: no se trabaja cada movimiento de forma aislada, sino que se diseña la secuencia para que cada fase genere las condiciones que necesita la siguiente. La compresión de los molares crea el espacio. Ese espacio facilita la proinclinación. La proinclinación, a su vez, ayuda a acomodar los caninos que en este tipo de casos suelen necesitar espacio.

En pocos meses, un resultado que con fija sería mucho más largo

Lo que hace especialmente valioso este protocolo en pacientes en crecimiento es la velocidad a la que se consigue el resultado.

En cuatro o cinco meses de tratamiento activo, con una mecánica bien secuenciada y sin necesidad de elásticos transversales, es posible pasar de una situación de molares volcados y torque negativo en incisivos a una posición correcta de todas esas piezas respecto a las bases óseas. Y hacerlo además creando espacio para los caninos, que en este tipo de pacientes suele ser uno de los objetivos secundarios más relevantes.

El volcamiento no es un problema: es un recurso

La diferencia entre una planificación que trata el flaring post-disyunción como un problema que corregir y una que lo incorpora como punto de partida de la mecánica es, en la práctica, la diferencia entre un tratamiento largo y complejo y uno eficiente y predecible.

Cuando se entiende que la compresión de los molares volcados genera sinergias favorables para el resto de la arcada, ese volcamiento deja de ser un efecto secundario no deseado y se convierte en el motor de la primera fase del tratamiento.


Si quieres aprender a identificar y aprovechar este tipo de sinergias en tus casos, puedes conocer más sobre el Sistema de Biomecánica Avanzada con Alineadores en Common Sense Aligners.

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