Descruzar un segundo molar sin elásticos ni minitornillos

El segundo molar en mordida cruzada es una de esas situaciones en las que muchos clínicos asumen que no hay más remedio que recurrir a elásticos o minitornillos. En la mayoría de los casos esa asunción no es incorrecta, pero tampoco es inevitable. Con una secuencia bien diseñada y aprovechando la propia oclusión del paciente como recurso biomecánico, es posible resolver este problema sin técnicas auxiliares.

Lo que describimos a continuación es exactamente eso: cómo hacerlo, y en qué orden.

Primera fase: distalizar el segundo molar para liberar al primero

El punto de partida no es el molar en mordida cruzada, sino el que está a su distal.

En el primer juego de alineadores se distaliza el segundo molar. Ese movimiento reduce la fricción sobre el primero y permite comprimirlo con mayor facilidad en la fase siguiente. El segundo molar queda temporalmente desalojado y se reserva para una segunda fase.

Con esta secuencia, en muchos casos es posible descruzar el primer molar sin expandir los superiores y sin comprometer el periodonto, que suele ser precisamente el objetivo prioritario en este tipo de casos.

El tercer molar como recurso: el levante de mordida intencional

Para trabajar el segundo molar en la segunda fase, el sistema necesita anclaje y fuerzas. Y aquí es donde entra un recurso que con ortodoncia fija se usa con naturalidad pero que con alineadores se pasa por alto con demasiada frecuencia: incluir el tercer molar en el sistema.

Si el tercer molar está presente, se incluye en la planificación y se diseña sobre él un levante de mordida intencional, calculado para que ocluya específicamente en la cúspide distal del segundo molar inferior. Ese contacto oclusal controlado es el que va a generar las fuerzas necesarias para la siguiente fase, aprovechando la propia oclusión del paciente como motor del movimiento.

Este recurso es especialmente eficaz en pacientes braquifaciales. En dolicofaciales el efecto es menor, pero sigue siendo útil como apoyo a la mecánica.

Segunda fase: distalización, intrusión y compresión del segundo molar

Con el levante de mordida activo y el primer molar estabilizado como anclaje inamovible, se trabaja el segundo molar en tres pasos consecutivos.

Primero se distaliza. Después, aprovechando el espacio creado y el contacto oclusal del levante de mordida, se programa la intrusión (que en gran parte la proporciona la propia oclusión del paciente). Por último, con el primer molar como anclaje sólido, se comprime el segundo molar asegurándose de que el sistema aplica el máximo torque lingual de raíz posible por alineador.

Ese torque diferencial es lo que permite que la compresión se produzca con control tridimensional y sin volcar la corona.

La oclusión del paciente como aliada

Lo que hace eficiente este protocolo es que no lucha contra la oclusión del paciente, sino que la incorpora como parte de la mecánica.

El levante de mordida sobre el tercer molar convierte un contacto que en otros contextos sería una interferencia en una fuerza de trabajo. Esa es la diferencia entre una planificación reactiva y una planificación que anticipa y aprovecha lo que el caso ofrece.

Cuando la secuencia se respeta (primer molar primero, segundo molar en segunda fase, levante intencional sobre el octavo y torque diferencial durante la compresión) el resultado se consigue sin elásticos, sin minitornillos y sin comprometer los tejidos de soporte.


Si quieres aprender a diseñar este tipo de mecánicas diferenciales con criterio clínico propio, puedes conocer más sobre el Sistema de Biomecánica Avanzada con Alineadores en Common Sense Aligners.

Publicaciones Similares