¿Podemos intruir molares SOLO con alineadores?
Hace unos años los ortodoncistas teníamos poca información sobre la mecánica de los alineadores, la selección de ataches, las secuencias más adecuadas…
Hoy en día la información es extensa, y a juzgar por lo que vemos en redes sociales, cada vez se complica más la forma de aplicar los tratamientos, algo que abre muchas posibilidades en casos complejos, pero que no debe hacernos pensar que la mecánica más compleja debe ser la que impere siempre que existan otras más sencillas que procuren los mismos resultados de manera estable.
Esto es algo que podemos ver claramente en el artículo de Sheng-Yang Lee y colaboradores, en el que nos plantean una fórmula para intruir molares con alineadores sin necesidad del cada vez más frecuente anclaje esquelético.
La intrusión de molares es algo que durante años pensamos que podría darse por el volumen de plástico de los alineadores superiores e inferiores, a los que les presuponíamos un efecto “intrusivo”, algo que posteriormente la evidencia clínica y científica ha descartado, y que hace que en muchas ocasiones se recurra a técnicas auxiliares.
La que nos plantean estos autores es la posibilidad de utilizar elásticos anteriores a la pieza que queremos intruir, realizando una fuerza extrusiva adicional, además de un recorte en el alineador que permita un contacto oclusal con el alineador antagonista a la pieza a intruir.
De esta forma, podemos ver que, en efecto, soluciones creativas y sencillas pueden ofrecer resultados adecuados en casos no excesivamente complejos, consiguiendo en este caso una intrusión final de 2,5mm.
Nuestra opinión
Esta solución parece adecuada para un caso de intrusión leve, si bien en intrusiones mayores debemos posiblemente recurrir a otros formatos que nos permitan superar el espacio libre oclusal en reposo, o que no sean dependientes de la colaboración del paciente con el uso de elásticos intermaxilares.
En nuestro caso, al igual que con ortodoncia fija, preferimos habitualmente recurrir al uso de levantes oclusales con resina compuesta, que escaneamos digitalmente e incluimos en los alineadores.
Al obtener volúmenes de más de 4mm superamos el espacio libre oclusal en reposo y garantizamos que sea la propia oclusión la que haga el efecto de intrusión deseado.
Esto es algo que además acompañamos de una mecánica que reduce la fricción interproximal, habitualmente generando espacios a mesial y distal de la pieza a intruir, que mantenemos durante todo el tratamiento y hasta la posición final. Una vez realizado el movimiento intrusivo, en alineadores adicionales es cuando planteamos el cierre de esos espacios de manera sencilla tras resolver el problema vertical.
Finalmente, señalar que no descartamos el uso de minitornillos cuando debemos intruir piezas que carecen de antagonista, situación habitual en la clínica diaria, o en casos en los que estos pueden suponer una reducción significativa en el tiempo de tratamiento o de mejora en el acabado del mismo.